Carlos Rivero - 3B - Cardenales

Fuente: Joel Ortiz Rivera / Diario Primera Hora

Aunque hoy se disfruta el privilegio de representar a su patria jugando en la Serie del Caribe San Juan 2020, el antesalista de los Cardenales de Lara en la pelota venezolana, no olvida que hace poco más de dos años, volvió a nacer. Carlos Rivero, de 31 años, ya casi no siente los efectos del accidente automovilístico del 6 de diciembre de 2018, en el que salió vivo de milagro pero perdió a sus amigos y compañeros con los Cardenales de Lara, Luis Valbuena y José Castillo, en un incidente que conmocionó al béisbol de ese país sudamericano. Rivero viajaba en un auto de su propiedad junto a sus compañeros y un chofer. Viajaban luego de un partido de los Cardenales y chocaron contra una piedra colocada en la carretera, lo que provocó que el auto se volcara y se saliera de la vía. Valbuena y Castillo, ambos con experiencia de Grandes Ligas, perecieron en el accidente. Rivero y su chofer salieron con vida, al parecer, porque utilizaban el cinturón de seguridad.  “Pienso que fue la mano de Dios, que mediante un milagro o por algún propósito sigo aquí”, expresó el venezolano tras un reciente partido en el Hiram Bithorn. “Solamente tuve raspones y unos pocos golpes pero no pasó a mayores porque tenía el cinturón de seguridad”. Rivero fue firmado en el 2005 por la organización de los Indios de Cleveland. En 2010 fue liberado y pasó a la de los Filis de Filadelfia y al año siguiente a la de los Nacionales de Washington. En 2013 firmó con los Medias Rojas de Boston, quienes le dieron en el 2014 la oportunidad de subir a las Mayores y debutar, aunque fuese por solo cuatro juegos. En el 2017 se fue a Japón y desde el 2018 juega béisbol en México. “Volví a jugar mucho antes de lo esperaba. No quería estar en mi casa recordando y pensando en lo que había pasado y por eso entré a jugar, para poner mi mente en otra cosa que no fuese seguir pensando en el accidente”, relató el pelotero. Este admitió que perder a dos amigos y compañeros de equipo como Valbuena y Castillo, y de una manera tan traumática, ha sido algo que ha superado poco a poco, con lentitud. “Uno no lo olvida, sino que lentamente, poco a poco, lo va dejando atrás”, relató. “Cuando ganamos el campeonato (este año los Cardenales de Lara) los tuve presente. Todavía sus casilleros están allí y le prendemos su vela. Siempre están presentes en ese clubhouse”, comentó. Y mientras haya vida, para Rivero habrá béisbol, que es lo que sabe hacer. Para ayudarle en el camino, siempre cuenta con que sus dos amigos, dondequiera que estén, le echen una mano. “Siempre están presentes en mis oraciones. Cada día que salgo a jugar les pido a ellos que desde el cielo nos den fuerza, nos guíen y nos mantengan sanos”, finalizó Rivero, antes de partir cabizbajo hacia el autobús del equipo venezolano que lo llevaría de regreso al hotel.

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