José Celestino López: Un ídolo en Japón

Fuente: Claudio Rodríguez Otero / Béisbol Japonés

La ceremonia realizada para reconocer el récord de José Ceeletino López fue legendaria.

El hermoso homenaje realizado este sábado al venezolano, luego de conectar su hit número 1.000 en la NPB, revela cómo ha aumentado con el pasar de los años el nivel de aceptación de los jugadores extranjeros en el circuito nipón.

Cuando el hawaiano Wally Yonamine se convirtió en 1951 en el primer extranjero en ver acción en la liga después de la segunda guerra mundial, los peloteros importados no eran tan bienvenidos a Japón como lo son hoy en día.

Como el trauma del conflicto todavía estaba fresco en la mente del público local, los Gigantes de Yomiuri tuvieron el buen atino de seleccionar a un descendiente de japoneses a la hora de firmar a su primer talento foráneo y la apuesta no ha podido salirles mejor.

Yonamine se adaptó de inmediato al estilo de juego nipón y terminó desarrollando una exitosa carrera que, en su momento, le abrió las puertas del circuito a otros extranjeros y cuatro décadas más tarde lo llevaría al Salón de la Fama local.

El segundo foráneo en firmar con un conjunto japonés, en 1952, fue el afroamericano John Britton, lo que demuestra que, al menos en principio, el racismo no representaba una barrera a la hora de contratar a peloteros importados de calidad.

Tan pronto como en 1954, los ganadores del título de bateo en ambas ligas fueron extranjeros (Yonamine en la Liga Central y otro afroamericano, Larry Raines, en la Liga del Pacífico) y apenas un año después el cubano Roberto "Chico” Barbón, también de raza negra, se convirtió en el primer latino en llegar al circuito.

No obstante, tales éxitos fueron recibidos de una manera limitada. Por una parte, fueron aplaudidos, pero por la otra nunca recibieron la misma atención que se les daba a los logros de los más famosos peloteros nipones, cuyas imágenes ocupaban siempre las portadas de los diarios deportivos locales.

El legendario Randy Bass, quizás el toletero extranjero más exitoso en la historia de la NPB, comenzó a romper barreras cuando ganó la triple corona de bateo en la Liga Central en 1985 y 1986 y llevó él sólo a los Tigres de Hanshin a ganar su única Serie de Japón hasta ahora.

El nativo de Oklahoma, con su cabello rubio y su famosa barba, se convirtió en el primer foráneo en recibir una atención prominente por parte de los medios japoneses. Fue protagonista de varios comerciales y, en términos generales, su fama se extendió más allá del mundo del béisbol.

Sin embargo, eso no significaba que ahora todos los extranjeros podían tener el mismo nivel de aceptación que él. En 1984, por ejemplo, el afroamericano Greg “Boomer” Wells ganó la triple corona de bateo en la Liga del Pacífico y su hazaña no recibió ni remotamente la misma atención que la de Bass.

Según describe Robert Whiting en su libro Tienes que tener Wa, el también afroamericano Leron Lee, uno de los bateadores extranjeros más exitosos que han pasado por el béisbol japonés, no recibió ningún tipo de ceremonia de despedida al momento de disputar su último juego en la Liga.

En 1987, tras 11 años en el circuito, se despedía con un título de jonrones, uno de empujadas y uno de bateo, además de 10 temporadas seguidas con un promedio superior a .300 y el registro de bateo de por vida más alto hasta ese momento en la liga: .320. A pesar de ello, no se organizó nada especial para él.

Según él mismo reveló, cuando en la primavera de 1981 le entregaron el bate de plata que ganó por liderar el circuito en promedio el año anterior, todo ocurrió en el clubhouse, a escondidas, como si fuera una vergüenza para ellos cederle el trofeo.

Si se hubiese tratado de un jugador japonés, la presentación del trofeo se hubiese hecho sobre el terreno, enfrente de los fanáticos, en una ceremonia especial antes de un partido, pero como él era extranjero, y además de raza negra, simplemente no calificaba para el mismo tipo de atención.

Tal como se lo dijo una vez un ejecutivo de una compañía de publicidad de Tokio: los japoneses no desean ver a un negro como modelo a seguir, salvo de se trate de Carl Lewis o Mike Tyson. Uno modelo a seguir rubio, quizás, pero no uno negro.

Las cosas tardaron tiempo en cambiar, pero afortunadamente lo hicieron. Un buen ejemplo de ello lo presenciamos cuando el venezolano Alex Ramírez firmó con los Gigantes de Yomiuri en la campaña 2008 y se convirtió de inmediato en uno de los mejores bateadores de poder de la NPB.

Su éxito sobre el terreno y su agradable personalidad conquistó a los fanáticos del equipo, al punto de que su camiseta llegó a ser la segunda más vendida en la tienda de artículos del club que está a las afueras del Tokyo Dome.

Hasta ese momento, ese tipo de tiendas en Japón sólo promocionaban, con muy contadas excepciones, las camisetas de los jugadores locales más populares, pero gracias a él, las cosas comenzaron a cambiar en ese aspecto y se hizo más común ver a los fanáticos vestir las camisetas de los peloteros importados.

Ramírez recibió buena atención cuando llegó a los 2.000 hits, pero no como López

Cuando Ramírez se convirtió en 2013 en el primer foráneo en alcanzar los 2.000 hits de por vida en la NPB, se reconoció su hazaña sobre el terreno, se le entrevistó al terminar el partido y luego se fue de gira esa misma noche por distintas cadenas de televisión japonesas para ser entrevistado.

Sin embargo, las Estrellas de DeNA, el club para el que jugaba en ese momento, no le organizaron una ceremonia especial para reconocer su hazaña, si bien hay que aclarar que su hit número 2.000 lo conectó como visitante en una tarde lluviosa, lo que hubiese dificultado un reconocimiento especial.

 

Incluso cuando quedó en libertad a finales de esa misma campaña, después de culminar una de las mejores carreras que se hayan visto en la liga, el conjunto no le organizó una ceremonia de despedida ni nada por el estilo.

No fue sino hasta abril de 2015, cuando ya estaba claro que no volvería a jugar, que DeNA lo invitó de regreso al Estadio de Yokohama para hacerle una ceremonia oficial de retiro y agradecerle su aporte al éxito de la organización. El evento fue muy sencillo, pero fue sin duda un paso adelante.

Es por eso que cuando este sábado presenciamos la calidad de la ceremonia que ese mismo equipo le preparó a López, simplemente nos quedamos boquiabiertos. El trato que recibió fue el mismo que se les otorga a las más grandes estrellas japonesas.

Se apagaron todas las luces del estadio y se le reservó un faro de luz, sólo para él, que lo iluminó mientras estaba siendo entrevistado sobre una tarima especial. Sus familiares y amigos le grabaron videos felicitándolo que luego fueron presentados en la pantalla gigante del parque.

En ellos aparecieron no sólo su esposa y sus hijos, además de su madre y su hermana, sino también peloteros muy famosos como el dominicano Adrián Beltré, el venezolano Omar Vizquel y el japonés Yoshitomo Tsutsugo, quien lo reconoció como el mejor jugador en la historia del equipo.

La ceremonia culminó con fuegos artificiales y con todos sus compañeros de equipo turnándose para tomarse una foto con él, tanto en grupo como individuales. Como no podía ser de otra forma, la emoción del momento lo llevó a soltar varias lágrimas.

Como ya lo explicamos anteriormente, esto es algo que no habíamos visto antes. Apenas 7 años atrás, Ramírez logró una de las hazañas más grandes que se pueden alcanzar en la NPB y el equipo no lo trató de la misma manera que a López.

Otro venezolano legendario, Alex Cabrera, se despidió de Japón en 2012, luego de una carrera muy exitosa, sin recibir tampoco una ceremonia de despedida y lo mismo ocurrió con casi todos los jugadores extranjeros de renombre que pasaron por el circuito en el pasado.

El tratamiento que López recibió este sábado en sin duda alguna muy merecido, debido a la increíble carrera que ha tenido hasta ahora en Japón, pero también es una señal de que los tiempos están cambiando y de que los japoneses, si bien con mucha lentitud, están empezando a aceptar a los peloteros importados como si fuesen estrellas locales.

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